Por la otra banda
Por los designios de la vida, puede que casualidades; o simplemente porque realmente estamos predestinados al verdiblanco, llevo unos años pasando las temporadas estivales por tierras cántabras, a pocos minutos de Santander, donde el Real Betis conquistó su única liga. ( Leer más)
Opinión
No busques más que no hay
He preferido esperar unos días desde nuestro partido en Cádiz para hacer una valoración más directa de ese tema del que se ha hablado más que de la propia victoria por 1-2 del Real Betis Balompié en el estadio Ramón de Carranza, las aficiones. ( Leer más)
Apuntes desde el Gol Norte
No corren buenos tiempos para nuestra sección de baloncesto. Sí, digo nuestra sección, porque pese a que muchos les joda, es nuestra, del club de las trece barras, es parte del conjunto verdiblanco (Seguir leyendo)
Relatos desde la Ciudad del Betis

Del Betis…¿Se nace o se hace?

Tampoco sé distinguir bien si la tendencia que tenemos los seres humanos a lo maniqueo, al blanco o negro (pongan aquí todas las oposiciones que se les ocurra) es aprendida o heredada. En concreto, la discusión de este dilema, a la que he asistido más de una vez con alevosía tabernaria, la quiero centrar en la adhesión a determinados colores, a un club como el Real Betis Balompié... (Leer más)

Soy del Betis, me gusta el baloncesto, pero no esto…

Fernando Ruiz de Alarcón

No corren buenos tiempos para nuestra sección de baloncesto. Sí, digo nuestra sección, porque pese a que muchos les joda, es nuestra, del club de las trece barras, es parte del conjunto verdiblanco, porque fue nuestro Real Betis Balompié, ese de que algunos reniegan ahora, la única empresa interesada en hacerse con el patrocinio y dirección de uno de los clubes históricos de la ACB, el único representante de Sevilla en la mejor Liga europea, el CB Sevilla, antes de su desaparición. Bueno, el Betis, y aquella vetada por el Ayuntamiento de nuestra ciudad…

Esta sección hay que sentirla, de una vez, como nuestra, con todas las consecuencias, para bien y para mal, y hay que tomar decisiones para que sea el equipo que todos queremos: un equipo dispuesto a pelear cualquier partido, con posibilidades de clasificarse tanto en Copa como para playoff. No se pide más, actitud y vergüenza, amor por unos colores.

Llevo muchos años animando al CB Sevilla, incluso hubo alguna que otra temporada que formé parte de sus voluntarios, y como bético, no puedo negar que me alegré cuando, nuestro equipo, a última hora, decidía hacerse cargo con un club que ya estaba en la deriva. Lo vi con muy buenos ojos.

Saltarán algunos cajistas diciendo “otro de fútbol hablando de baloncesto” que piden una especie de pedigrí para aceptar opiniones, también seré criticado por algunos béticos que son del pensamiento que el club de Heliópolis no se debió meter nunca en tal berenjenal, y que deberían haber dejado morir al conjunto “cajista”. 2 opiniones enfrentadas al día de hoy y que enrarece cada partido en San Pablo.

Ahora te digo, como bético, sé que, en los peores momentos, lo mejor que puede hacer la afición es permanecer unida animando hasta el final. Eso lo que he aprendido de mis mayores y de mis hermanos en aquel bendito Estadio más allá de La Palmera, que en un partido hay tiempo para animar, y también para silbar y pedir responsabilidades.

También se que un jugador necesita el calor de su gente, que ahora mismo, en San Pablo, no lo encuentra. El Pabellón es un territorio plagado de reinos de taifas en forma de distintas peñas haciendo cada una la guerra por su cuenta. Por un lado, encontramos a los nostálgicos que no quieren olvidar a su Caja San Fernando y todo lo que significó este club en su vida; y por otro, a aquellos seguidores que han aceptado la nueva dirección del equipo, que animan al Real Betis Balompié. Y como no, muchos otros llegados al Pabellón, arrastrados por su fe bética, más que por su pasión por este deporte.

Muchos de estos aficionados piden explicaciones justificadas a los dirigentes, pero sin querer ellos cambiar su modus operandis, sus colores rojiverdes, sus cánticos de caja caja, que están enfrentados a los de Betis Betis. Es legítimo, pero por el bien de la entidad, esto debe cambiar también. Ambiente extraño y enrarecido que debería terminar con la única solución de dejar la nostalgia a un lado y abrazar, de una vez por todas, la verdiblanca como bandera.

También hay que exigir, por supuesto, a la planta noble del Villamarín que ponga las medidas adecuadas para que el escudo de las trece barras deje de arrastrarse por las canchas de todo el Estado. Al final, quien viene en las crónicas batiendo récords negativos es el Betis, la imagen que está siendo perjudicada es la del Betis, quien sufre sus consecuencias es el Betis. Por lo que es, el Betis, quien debe meterse a fondo copiando la fórmula que le ha funcionado este año en la sección de fútbol, fichar a personal cualificado para ello, gente de baloncesto que sude básket por los cuatro costados.

Un director técnico de verdad, jugadores que sean del nivel de la ACB, un entrenador con carisma y con estilo de juego definido. Lo siento por Moral, pero son muchas bombas las que le han explotado en muy poco tiempo, y lo mejor que puede hacer es echarse a un lado. Ha demostrado no estar a la altura. Tiempo está tardando en irse.

Así, de una manera decidida y profesional, se debería completar el paso adelante dado hace 2 años, y no como lo hecho hasta ahora, despidiendo a trabajadores eficientes y fichando a mediocridades.

Haro y Catalán, es hora de coger el toro por los cuernos, implantar el escudo del Betis en San Pablo, llenar de verdiblanco sus gradas con políticas que inviten a ello y a su más de 50.000 socios apoyar a esta sección; y arrascarse el bolsillo para que crezca al equipo. ¿O qué creían, que esto no le iba a costar dinero al Betis?

Ojalá fuera diferente

Miguel Roda.

He preferido esperar unos días desde nuestro partido en Cádiz para hacer una valoración más directa de ese tema del que se ha hablado más que de la propia victoria por 1-2 del Real Betis Balompié en el estadio Ramón de Carranza, las aficiones.

Los ultras violentos, esos que empañan todo a todas horas por lo general, no deben entrar en estos análisis porque no tienen cabida alguna. Viajar para pegarse o lanzar objetos no merece ni un segundo más de nuestras atenciones, pero el resto de gente bética que suele acudir allá donde el Real Betis juega merece un respeto enorme. Personalmente de Cádiz y su afición nadie va a venir a contarme nada puesto que conozco este bello rincón de nuestra Andalucía desde el mismo año en que nací y forma parte de mi vida desde siempre. Y no solamente en verano. Conozco a cadistas fantásticos, personas que merecen la pena mucho muchísimo. La afición amarilla es una hinchada con arte, solera, animosa y que intenta que se conozca sus colores mucho más allá del Carranza. Todo esto es una realidad para mí, pero no puedo negar mi experiencia por ello. A mí Cádiz, futbolísticamente hablando, no me ha recibido bien nunca. Ni en Trofeos Carranza en el mes de agosto ni en partidos de Liga ni Copa del Rey. Entre pitos y flautas he acudido al coliseo gaditano muchísimas veces y siento en el alma tener que decir que es lastimoso tener que irte antes de un partido “por lo que pueda pasar”, tener que dejar coches en parkings por la matrícula o por la pegatina de turno. Mirar a todos lados mientras estás donde todos los béticos porque se palpa en el ambiente que “podría liarse” en cualquier momento… Amén de esos cánticos por un lado y por otro atacando donde más duele siendo esto ya -menos mal- cosa casi exclusiva de esos aficionados ultras que antes nombraba y no del cadista o bético de turno.

Me encantaría sentirme como en casa en Cádiz, de corazón. Pero no ocurre. Y para mí es mucho más penoso siendo la Tacita de Plata un sitio vinculado a mi familia desde siempre. Ojalá esto cambie más pronto que tarde, pues me alegra leer muchas opiniones contrarias a la mía. Dicho esto, que en la vuelta copera se respire únicamente fútbol y que pronto ambas entidades disfruten de encuentros en la máxima categoría del fútbol español.

¡Súbanse, qué todos caben!

Fernando Ruiz de Alarcón

Llega octubre, y aunque la estación otoñal en la ciudad del Betis se deja esperar, la Liga sí ha cumplido sus plazos, sus primeros 7 partidos, periodo donde casi ningún aficionado bético esperaba que el equipo se encontrara dónde está, y jugando cómo está jugando.

Era algo demandado por todos: puntos y juego. La identidad, en la que hablaba en un anterior artículo desde este Gol Norte virtual, parece que se está recobrando a una velocidad sin límites. Una identidad que refleja una afición y su peculiar sentimiento de entender el fútbol, por algunos no entendida, y por otros, envidiada.

Y ya sabemos quiénes son los culpables de que lo demandado comience a aflorar, de menor a mayor importancia, desde arriba, desde la bicefalia visible, dueto Haro y Catalán, pasando por Serra y su equipo de trabajo, Setién por ser fiel a su idea pese a ser criticado en pretemporada por prensa y parte de una afición impaciente que no veía su estilo como el indicado, y por supuesto, de los jugadores, porque al final, ellos son los responsables de todo.

El Betis, en estos 7 partidos, se ha convertido en la sensación del campeonato liguero. Ha pasado de ser un equipo fácil de batir a ser temido. Y nada de 1 año de transición como pedían otros, todo ha sido a una velocidad de crucero. Ha terminado con cualquier atisbo de guerra, si hubo, alguna vez, esa mediática guerra social.

El Betis que no jugaba a nada en agosto, el del proyecto inexistente, el de otro año más de mediocridad, el de jugadores ramplones, el que no tenía delanteros, el que sin Rubén no iba a ningún lado, el de Serra que nadie le cogía el teléfono, el de la cantera está muerta, ha llegado, para quedarse.

La paz social se ha conseguido a base de buen juego y de goles, de poner el dinero en el campo y de traer a verdaderos profesionales con experiencia en nuestra Liga. Súbanse a este barco, en el que caben aún más de 48.000 personas, porque para eso tenemos un Estadio con un aforo de 60.000.

La ciudad se le queda chica al Betis; pero súbanse, que todos caben…

Un día de felicidad en el planeta Betis, seguimos cabalgando…

Fernando Ruiz de Alarcón

El beticismo se siente feliz no solo con la épica e histórica victoria lograda en Madrid ante el campeón de Europa y del Mundo, que, al fin y al cabo, significa, nada más, que 3 puntos. Sino también por haber encontrado en Quique Setién y en la plantilla configurada por Serra Ferrer y su equipo de trabajo un reflejo de lo pedido durante años.

La identidad, aquel sentimiento al que nos referíamos en el artículo pasado publicado desde este rincón del venerado Gol Norte, comienza a florecer.

No hay que lanzar campanas, pero todo bético tiene el derecho y casi la obligación de verse representado por este estilo, en el que creen fehacientemente tanto el técnico, Setién como sus pupilos. Y la fe es extensible a Serra, Haro y Catalán. Hay que seguir creyendo…

El profeta santanderino no lo ha tenido fácil, de todos es sabido aquellos ataques biriprensianos a comienzos de temporada en tertulias de cuchillo y tenedor y estómagos agradecidos. Por mucho que hayan repetido durante este verano el mantra de que este equipo no juega a nada, finalmente, Setién y los suyos han conseguido que este mensaje, cargado de mala intención y lanzado con la única idea de derrumbar un nuevo proyecto bético, no cale dentro del beticismo.

Estas coletillas usadas una y otra vez, día a día desde sus columnas de opinión e informativas, mueren al no tener fundamentos, con ejemplos que dicen lo contrario. Véase el último gol bético en el Santiago Bernabéu, donde participa todo el equipo en una jugada de más de 20 toques ¿De verdad este Betis no juega a nada? Pues sí, este es el nuevo Betis de Setién, Serra, Haro y Catalán, de un Estadio tremendo y de 50.000 socios que sí llenan las gradas, pese a quien le pese.

Ahora, eliminado un mantra, hay quien ya rebusca en manida bolsa de la crítica gratuita, el siguiente invento es que la plantilla del Betis es corta.

Otra mentira más desmontada por Setién, dando entrada a canteranos como Fabián y Francis, capacitados para disputar minutos en Primera; también a Boudebouz, que está viviendo una pretemporada forzada; sin olvidar a Sergio León que no jugó en Madrid, o a Campbell, todavía en la recámara. Junto a los Narváez, Nahuel, Tosca, Amat, Rafa Navarro o Dani Giménez, más el esperado regreso en invierno de Rubén Castro, completan un grupo formado por pocos nombres de quilates y glamur, pero de mucho currante, que seguro, tendrán sus minutos. Todo ello, para 2 competiciones, Liga y Copa, se promete suficiente.

Porque la única verdad en todo esto, querido lector, es que el colectivo, la idea de equipo planteada desde el primer día por Setién, comienza a funcionar, y esto hace grande a las individualidades. Jugadores como Mandi, humillado por los mismos críticos, deberían ocupar portada de muchos periódicos, por su grandísimo estado de forma. Que se lo digan a Gare Bale…

Como escribiera Cervantes en el Quijote, o incluso Goethe en el poema “Ladran”, “sus estridentes ladridos, son señal que cabalgamos”. Y así vamos los béticos, con humildad y paciencia, ganando a los grandes y eliminado falsos mantras, cabalgando hacia la victoria.

¡Cómo me acuerdo hoy de usted, don Alfonso!

Miguel Roda.

Nadie podría venir a contarme que Manuel Ruiz de Lopera no le ha engañado porque no me lo creería. Hablo en clave bética, obviamente, pues desde los Juzgados se aclara que en el año 1992 este señor estaría en la Exposición Universal que se celebraba en nuestra ciudad viendo pabellones, pero no salvando a ninguna entidad y mucho menos al Real Betis Balompié.

Y digo que todos hemos sigo engañados por el del Fontanal porque así ha sido, al menos en alguna ocasión. Seguro. Si interrogantes tienen, hagan memoria, que insisto en que no pienso creerme que alguien no botara con su nombre en las gradas del Benito Villamarín, lo saludara a manos abiertas con ese clásico y penoso ‘Hola, hola don Manué’, lo defendiera en tabernas y debates futbolísticos o simplemente le riera las gracias cuando la actualidad verdiblanca demandaba su presencia y vocabulario, ese mismo que nos dejaba muchísimas veces a la altura del betún pero que daba lo mismo “porque ahora va a traer a jugadores que también los quiere el Madrid”.

A Lopera lo hemos aclamado todos. Así lo decía con claridad, temor y dolor don Alfonso Jaramillo antes de fallecer. No se equivocaba, era la realidad. Una realidad que debería abrirnos los ojos para siempre a la hora de idolatrar personas ya sean futbolistas o dirigentes. Una verdad ésta que ahora viene a recordarnos el tiempo perdido y el milagro de ver a un Real Betis Balompié que late más fuerte que nunca porque los béticos son el linaje más poderoso que existe. Los béticos sí que hemos salvado al club. Ahora, por descontado, por lo peleado contra el expresidente del club en Tribunales por parte de un grupo de personas que no han dejado de soñar con un sentimiento libre de verdad. Honor a quienes no cesaron en su empeño ni contaron las gotas de sudor derramadas todo este tiempo, e incluso las que manan de los ojos. Y gloria a los que desde siempre han tenido sellado un escudo en el corazón pese a quien le pese, caiga quien caiga y pase lo que pase. Ahora toca celebrar otra victoria y seguir trabajando.

Betis, en búsqueda de la identidad perdida

Fernando Ruiz de Alarcón


Identidad…Aquello que pedíamos desde hace varias temporadas para nuestro Betis.  Una manera y un estilo de jugar al fútbol por el que fuera reconocido y se reflejara en él no solo a un club, sino también a todo lo que le rodea. Hay equipos que se forjan bajo las premisas del juego duro, del despliegue físico o del “catenaccio” puro. Pero ninguna de estas ideas podría calar en un club que tiene una única idiosincrasia y donde la hinchada es especial. Es fuerza viva, convirtiéndose en el verdadero factor motivador de cada partido, que necesita un equipo ofensivo para sentirse realizada.

Identidad, la que le está dando Quique Setién al club de La Palmera, con un juego que apasiona a sus aficionados. O al menos, es lo que intenta, enamorar a través de un simple balón. Habrá béticos, como no, que lo pasen mal con cada balón jugado al portero, que no comprendan como ganando y en el min. 80, no dibuje una defensa numantina en el campo de batalla; o  simplemente,  que no asimilen que, para anotar, se necesita dominar en posesión. Pero seguro, que, en cada partido, estos serán los menos.

Se abrirán viejos debates, que si el portero, que si la defensa, por supuesto el goleador…Podremos discutir si lo que vale es solo ganar, o, por lo contrario, ganar con un sello. Pero mientras nosotros nos entretenemos y liamos en charlas que nunca serán aprobadas por consenso, un señor desde el banquillo busca la victoria con un plan establecido de juego al que no traiciona, por muchas ostias que le lluevan desde altares de teclados y micros.

Al igual que si el Betis pierde, un bético no deja de ser bético; Setién no abandona su idea de fútbol por un mal resultado. Lo acepta como parte del juego, lo mismo pasa cuando son triunfos, no lanza grandes alabanzas nadando a favor a de marea, solamente realiza una doble lectura con puntos positivos y negativos, que le sirva para seguir creciendo.

Así sí merece la pena este sentido de pertenencia a un club de fútbol, la redención del espíritu tribal, porque ahora, animamos todos juntos y la identificación es casi total, hay comunión de la parroquia con sus jugadores, que son llevados en volandas hacía resultados esperanzadores. Esto es más importante que cualquier título.

Decía Eduardo Galeano en su obra  El fútbol a sol y a sombra, que “el club es la única cédula de identidad en la que el hincha cree. Y en muchos casos, la camiseta, el himno y la bandera encarnan tradiciones entrañables, que se expresan en las canchas de fútbol pero vienen de lo hondo de la historia de una comunidad”. Y si hay algún club en España que sepa de esto, ese es el Betis.

Por cierto, hay un jugador en la actual plantilla que reencarna esta identidad, Joaquín. Chico salido de la cantera, campeón con las categorías inferiores, vivió el infierno de la segunda y estuvo presente en los mejores partidos de la historia de nuestro Club. Precisamente, es el 17 el que más está sobresaliendo y disfrutando con el nuevo planteamiento y táctica ¿Será porque por fin, un estilo de juego, casa con la identidad de nuestro club?

Cuando ‘The Cavern’ fue verdiblanca…

Miguel Roda.

Recuerdo como si fuera ayer cuando Liverpool fue tomada por el Betis. No sé cómo -sí sé el por qué- acabamos allí béticos de todas las estirpes, sobre todo los de siempre, los clásicos.

Sin ir más lejos mi viaje fue glorioso. Un autobús a Granada y de allí en avión a Liverpool, un avión que salió con retraso y obligó a la guasa en el aeropuerto. La vuelta, exactamente igual.

Recuerdo esa ciudad de mar repleta de gente asombrada y de béticos, muchos béticos. En un principio algunos ms turísticos que otros, en un final, todos igual de amantes del verde y el blanco. Anfield Road es de lo mejorcito que me ha pasado en verdiblanco. Desde el “You’ll never walk alone” hasta los cánticos de esa grandísima afición hacia nosotros al término del encuentro. Desde los policías con pelucas verdes hasta el nazareno de las gradas. Desde las pancartas, muchísimas, hasta el tifo que se hizo, único equipo visitante en lograrlo, por cierto.

Y porque los recuerdos del Betis siempre son buenos, aquí os dejamos unas fotos y un vídeo que escenifica perfectamente lo vivido en Liverpool. La Caverna de los Beatles, desde luego, fue bética por un día.

Del Betis…¿Se nace o se hace?

Anselmo Ruiz de Alarcón J.

Tampoco séRelatos desde la Ciudad del Betis distinguir bien si la tendencia que tenemos los seres humanos a lo maniqueo, al blanco o negro (pongan aquí todas las oposiciones que se les ocurra) es aprendida o heredada. En concreto, la discusión de este dilema, a la que he asistido más de una vez con alevosía tabernaria, la quiero centrar en la adhesión a determinados colores, a un club como el Real Betis Balompié.

     ¿Se nace o se hace uno bético? Verán ustedes:

Aquella tarde de domingo, andaría yo tropezándome ya por la vida con mis seis o siete años, me dijo mi padre: “hoy, te voy a llevar al fútbol conmigo”. Y yo muy peinadito, de la mano de mi padre, antes de torcer la esquina saludando a mi madre que: “cuidado con el niño, cuidado con el arroyo”. (Se había llevado días lloviendo. Mientras, el campo olía a campo.) Tras cruzar aquel obstáculo a saltos, el arroyo que venía casi enfadado (cuando lo hacía de verdad, inundaba las calles aledañas) seguí el camino, siempre de la mano amiga, cómplice de mi padre, para contemplar por primera vez un campo de fútbol. Era para mí, inmenso. Con un desnivel considerable.

El equipo que atacaba hacia el sur subía y bajaba por banda izquierda como los ciclistas en un velódromo. Pero antes de llegar al campo, tuvimos que subir la empinada veredita del Puente de los Pobres hasta alcanzar la carretera por cuyo no-arcén caminábamos unos 500 metros en fila india hasta culminar nuestra excursión en el no-estadio sin puertas, sin gradas…preferencia era la carretera, dos viñas eran los goles norte y sur, y el inevitable arroyo corría paralelo a la raya de fondo, pero con un desnivel de unos 4 metros. Por aquel desnivel solían caer rodando los árbitros al final de casi todos los partidos, acosados y empujados por una disconforme afición local. Los árbitros veteranos acostumbraban a salir corriendo, sin pensárselo, nada más daban el pitido final y se inmolaban tirándose al arroyo para evitar daños mayores. Yo, en el camino de regreso, solía pararme en la orilla, por ver si venía arroyo abajo algún árbitro flotante. Pero no tuve ocasión de encontrarme ninguno, sino una vez, una calceta negra enganchada en las cañas que bien podía haber pertenecido a algún referee.

Y así, tras abrirme cada domingo un hueco entre los alineados espectadores, pisadores de la cal del terreno de juego, fui creciendo en la incontestable afición al fútbol. Me gustaba el colorido de las indumentarias, la insobornable abnegación del balón de cuero que apenas sobrevivía al maltrato durante noventa minutos, si no fallecía herniado las más de las veces. Me subyugaba, sobre todo, la casi imposible, si no mágica, confluencia del balón y el portero por altas esquinas imposibles. Me aterraba cuando el portero caía en tierra después de aquellos vuelos. Pero casi nunca le dolía el porrazo. Por eso llegué a jugar de portero, porque no sentían dolor.

 

  Pero una tarde todo se nubló…

Cuando ya había prendido en mi corta conciencia la irrefrenable pasión por el fútbol. Aquel domingo esperaba que, como siempre, mi padre me llevara al partido. Pero “ya desde hoy no hay fútbol” me dijo. Lo habían suspendido. Estaríamos varios años sancionados (mucho más tarde llegaría a conocer con detalle la desgraciada causa de tamaña sanción).

Mi padre se percató de mi frustración y trató de encontrar una alternativa. Así, vivimos durante años disparar la imaginación por culpa del fútbol radiado. Nunca vi mejor el fútbol que oyéndolo por la radio. Uno llega hasta intuir que fulanito chutará y marcará gol. Aquella tarde, mi padre me habló del Betis, de cómo se hizo bético al llegar a Sevilla con 7 u 8 años, de cómo él jugaba en el arenal de la Plaza del Museo, de aquellos jugadores que yo imaginaba verdeolivo y blancoestrella. Pero debía ser asunto importante porque mi padre entraba en trance al enumerar con respetuosa y épica veneración aquella alineación famosa: Urquiaga, Espinosa, Areso, Aedo, Peral, Gómez, Larrinoa, Timimi, Rancel, Unamuno, Caballero, Saro, Lecue, Adolfo, Valera, Cornejo y Paquirri…y como técnico: O’connell. Esos apellidos, tan desacostumbrados por estos pagos, subieron en mi corazón a las más altas cimas del Olimpo futbolero. A mi edad, la alineación por excelencia terminaba con Di Estéfano, Puskas y Gento. Pero no era lo mismo. A los béticos de la temporada 34-35 ni los vi ni podría verlos jugar. Eran famosos fuera del tiempo…y de mi equipo. De ellos solo tenía su existencia en la voz emocionada de mi padre: Urquiaga, Espinosa…

Todo esto iba yo rumiando la tarde noche del 25 de agosto, viernes de 2017, cuando me encaminaba al renovado Benito Villamarín. Esta vez iba conducido, casi protegido, por uno de mis hijos. Ahí sentí que la afición a los colores también actúa por contagio. Que se es bético, sobre todo, por el sentimiento.

Y es que el Betis…

Desde el principio, me dio seguridad y confianza, mediante ese “manque pierda” que es toda una señal, una síntesis genial de entender el mundo y la vida, un pasaporte de universalidad. Me sentí entre la multitud, como dijo Aleixandre “impelido, llevado, mezclado, rumorosamente arrastrado”, arrastrado, añado,  por el júbilo anhelante y festivo de la afición bética que acudía al campo alegre.

Desde el bar Huracán el caminar se hacía casi imposible. Cánticos, bufandas al viento, himno apoteósico y la alineación reverenciada por una nueva y potente megafonía:  los nombres reverberaban en mi corazón: Urquiaga, Espinosa… era yo saltando el rebelde cauce del arroyo: “manque pierda”. Comprenderán ahora por qué se es bético.

Fichajes y coherencia trajo don Lorenzo

Miguel Roda.

Miguel Roda

La pelota tiene que entrar, eso está claro, pero que los cimientos parecen haberse puesto para que las cosas salgan bien, también. Y mucha de la culpa de que este edificio nuevo que es el Betis esté reluciente y sobrio la tiene Lorenzo Serra Ferrer

El balear arribó en Heliópolis con fuerza e ilusión, y también con interrogantes por parte de una afición que pronto ha visto la manera de entender (otra vez más) al club que tiene este hombre. La tercera etapa en verdiblanco de Serra Ferrer se ha saldado con un comienzo prometedor. Ha dado 20 bajas y ha traído futbolistas que hasta hace bien poco parecían pura utopía en el Benito Villamarín. Ha viajado, se ha reunido, ha negociado, ha insistido… Ha hecho Lorenzo Serra Ferrer un equipo competitivo para que Setién lo haga jugar al fútbol y sumar puntos.

Fue anoche cuando en los medios oficiales de la entidad bética Serra Ferrer desmembró un poco todo. Lo más fundamental para el que escribe estuvo en el rostro del de Sa Pobla. Una cara iluminada que vencía al esfuerzo de un trabajo duro pero que ha recompensado al propio Lorenzo y a todo el beticismo. Un rostro de más que ilusión y motivación. De entrega y sabiduría por lo que tiene entre manos. Una cara de trabajo diario y de continuidad. Quiere más Serra Ferrer y más queremos todos. Está en los despachos un tipo que siente como el socio que va a Fondo o a cualquiera de los Goles.

Serra Ferrer ha llegado en el momento oportuno al Betis, de nuevo, para dar lo que en las otras dos veces pero con la chaqueta y el pantalón de pinza desde por la mañana. “Creo que hacía falta coherencia en el club” dijo anoche. Él ha traído la suya y está animando al resto a que ponga de su parte. Solamente así se puede crecer y creer. Los béticos disfrutamos de Serra estas semanas por su trabajo. Anoche lo hicimos por su beticismo. Eso no está pagado.

En búsqueda de la identidad perdida

Fernando Ruiz de Alarcón

Identidad…

Aquello que pedíamos desde hace varias temporadas para nuestro Betis.  Una manera y un estilo de jugar al fútbol por el que fuera reconocido y se reflejara en él no solo a un club, sino también a todo lo que le rodea. Hay equipos que se forjan bajo las premisas del juego duro, del despliegue físico o del “catenaccio” puro. Pero ninguna de estas ideas podría calar en un club que tiene una única idiosincrasia y donde la hinchada es especial. Es fuerza viva, convirtiéndose en el verdadero factor motivador de cada partido, que necesita un equipo ofensivo para sentirse realizada.

Identidad, la que le está dando Quique Setién al club de La Palmera, con un juego que apasiona a sus aficionados. O al menos, es lo que intenta, enamorar a través de un simple balón. Habrá béticos, como no, que lo pasen mal con cada balón jugado al portero, que no comprendan como ganando y en el min. 80, no dibuje una defensa numantina en el campo de batalla; o  simplemente,  que no asimilen que, para anotar, se necesita dominar en posesión. Pero seguro, que, en cada partido, estos serán los menos.

Se abrirán viejos debates, que si el portero, que si la defensa, por supuesto el goleador…Podremos discutir si lo que vale es solo ganar, o, por lo contrario, ganar con un sello. Pero mientras nosotros nos entretenemos y liamos en charlas que nunca serán aprobadas por consenso, un señor desde el banquillo busca la victoria con un plan establecido de juego al que no traiciona, por muchas ostias que le lluevan desde altares de teclados y micros.

Al igual que si el Betis pierde, un bético no deja de ser bético; Setién no abandona su idea de fútbol por un mal resultado. Lo acepta como parte del juego, lo mismo pasa cuando son triunfos, no lanza grandes alabanzas nadando a favor a de marea, solamente realiza una doble lectura con puntos positivos y negativos, que le sirva para seguir creciendo.

Así sí merece la pena este sentido de pertenencia a un club de fútbol, la redención del espíritu tribal, porque ahora, animamos todos juntos y la identificación es casi total, hay comunión de la parroquia con sus jugadores, que son llevados en volandas hacía resultados esperanzadores. Esto es más importante que cualquier título.

Decía Eduardo Galeano en su obra  El fútbol a sol y a sombra, que “el club es la única cédula de identidad en la que el hincha cree. Y en muchos casos, la camiseta, el himno y la bandera encarnan tradiciones entrañables, que se expresan en las canchas de fútbol pero vienen de lo hondo de la historia de una comunidad”. Y si hay algún club en España que sepa de esto, ese es el Betis.

Por cierto, hay un jugador en la actual plantilla que reencarna esta identidad, Joaquín. Chico salido de la cantera, campeón con las categorías inferiores, vivió el infierno de la segunda y estuvo presente en los mejores partidos de la historia de nuestro Club. Precisamente, es el 17 el que más está sobresaliendo y disfrutando con el nuevo planteamiento y táctica ¿Será porque por fin, un estilo de juego, casa con la identidad de nuestro club?