Ríos de bilis corren tras la victoria en el Derbi…

Fernando Ruiz de Alarcón

Se terminó el Derbi, se ganó en el Pizjuán, se venció anotando una manita, se dominó desde el principio del partido al fin. Y tocó celebrarlo, pero a ellos, no le pareció bien. Sí, a ellos, y no digo a los sevillistas, que, lógicamente, estarán dolidos porque no se imaginaban perder de esta forma con un equipo que dejó de ser su rival, para ellos, hace unos años.

Los que se creían superiores de por vida, han bajado de un guantazo con la mano abierta y con todos los dedos de nuevo a la tierra de la ciudad de Hispalis, donde el maravilloso deporte del Balompié está reinado por un par de monarcas con corona y trece barras en su escudo, porque el fútbol no solo es cosa de hombres…

Pero cuando digo a ellos, no digo a la noble y antigua afición del equipo rival, digo a una serie de señores que se han creído y se creen con el derecho de dictar sentencias a través de su círculo cerrado de medios. Esos, que han dejado al noble oficio del periodismo deportivo por los suelos, sin credibilidad ni garantías de nada.

Los vetados en el Villamarín o los de la baraja de cartas, aquellos que en el mes de agosto decían que el nuevo proyecto de Setién estaba sentenciado y que el Betis estaba listo, que otro año igual, tragan hoy saliba y palabras. Los que preparan sus crónicas sin nombrar al Betis cuando gana, su bilis les juega malas pasadas…

O los señores compadres de la cadena de las tres letras, esos que veían a Lopera muy pero que muy fuerte y que pusieron días antes en su onda a un terrorista de la palabra, chocho y pasado, como es supercuernos, sabiendo a la perfección cuál iban a ser sus respuestas a ciertos temas, porque el abuelo lleva respondiendo lo mismo desde que el capitán Biosca y sus compañeros del 80 le endosaran un 4-0. El de la gasolina normal se llevó unos cuernos y unas pocas de butifarras.

Por ahí hay otros que, dirigiendo una sección de un periódico local de la ciudad, quisieron esconder el resultado dejando vacía la portada de información sobre el gran derbi en su especial dominical. Los mismos Juan Palomos que mentían en sus datos en reportajes con el Betis como protagonista. Todos ellos recibiendo sus premios de valor de hojalata en fiestas casposas poco valoradas por el resto del mundo, pero sí para el ombligo nervionense.

Sumas y sigues que se van sucediendo, porque días siguientes vimos la campaña orquestada por el mismo clan para criticar las celebraciones de nuestra gente, o cómo el diario que se beneficia de la publicidad de prostitución en sus páginas interiores, fue capaz de juzgar a Adán por cantar unas letras nada afortunadas.

Su señoría Mao los bientrata, les da su sitio, su comida, sus chivatazos en momentos claves. Mientras, en Heliópolis, no aciertan ni una, y eso duele, y por ello, la balanza estará eternamente desequilibrada. Dos semanas metiendo a Ceballos en sus portadas, y resulta que no puede volver a jugar en el Betis. El bulo es lo contrario a la noticia contrastada, pero estos fabricantes de inventos, son alérgicos a lo segundo. Se escribe sobre algo que no se sabe. Y así, todo.

No hace falta que nadie le diga a un bético qué es lo que tiene que celebrar y cuánto tiempo. Tampoco que nuestro próximo rival es el Leganés, eso lo sabemos… Como sabemos también que habrá el lunes más de 45.000 personas juntas, como si de una hermandad se tratase, pertenecientes a la bendita gloria verdiblanca, animando hasta la afonía a su equipo del alma.

Esto es el Betis y su afición es sagrada, no me la toquen, porque siempre la defenderé, y me da igual que me cierren puertas en castillos monopolizados. La defenderé mientras me quede un rincón donde ejercer mi profesión. Y la defenderé, pese a ser insultada y menospreciada continuamente por una serie de gente que no representan a nuestro oficio. Sigan disparando, que estamos más vivos que nunca.

El Betis y su Talón de Aquiles: el área médica

Fernando Ruiz de Alarcón

Que el equipo médico del Real Betis no tiene muy buena prensa es sabido por todos, pero la decisión del club de dejar a Quique Setién la responsabilidad de informar sobre el cuadro de lesiones a los medios de comunicación es el resultado de un sumatorio de errores en cadena realizados en la parcela médica.

Existe una crisis en la estrategia de comunicación en este área, es evidente. Cada predicción en recuperación de lesiones se vuelve inexacta, y en la mayoría de los casos, se alarga en el tiempo.

Lo hemos comprobado en el caso de Sanabria, como, en un principio, su desaparición en los terenos de juego era debido a unas simples molestias. Paró una semana para recuperarse, y de ahí, pasamos a intervención quirúrjica de su rodilla con una recuperación de 2 meses, para terminar en la información más negativa, la actual, que apunta a que el paraguayo podrá estar en el dique seco hasta primavera.

Por nuestras fuentes, sabíamos de la lesión de Sanabria, o, al menos, que un dolor insoportable en la rodilla le obligaba a jugar infiltrado.

Entonces ¿Por qué esta falta de transparencia? ¿Por qué no se actúa claro desde el inicio, se aprovechan los parones ligueros que han sido numerosos y se intenta que el jugador esté al 100% lo antes posible?

Con Campbell más de lo mismo, no se sabe fecha de vuelta del extremo delantero tico. El siguiente en pasar a escena es Fabián, y vemos que se repite el repertorio de desinformaciones: molestias en el talón de aquiles, y ya se ha perdido, al menos, 3 encuentros. El palaciego prometía realizar una buena temporada, y su concurso es vital para un Betis en plena mala racha de juego y de resultados.

Lo de Javi García también es una locura. Otra vez roto, sin motivo aparente, 2 meses mínimo de baja…

El Dr. Tomás Calero es la cara responsable de los servicios médicos del Betis. Lleva bastante tiempo en esto del fútbol para saber como funcionan las especulaciones, y seguro que es consciente que la única fórmula existente para atajar los rumores es la transparencia, la verdad.

Pero para dar la verdad, la comunicación del tiempo de recuperación tiene que ser certera desde un inicio. Ahora mismo, ni es acertada, ni hay transparencia en el mensaje comunicativo. Y para Setién, la papeleta…

El área médica sigue siendo el Talón de Aquiles del Betis, Haro y Catalán han cambiado el Club en un tiempo récord para bien, y ahora, urge que modernicen de una vez por todas esta pata que cojea insistentemente y que no está a la altura de una entidad del calibre del Real Betis Balompié.

Soy del Betis, me gusta el baloncesto, pero no esto…

Fernando Ruiz de Alarcón

No corren buenos tiempos para nuestra sección de baloncesto. Sí, digo nuestra sección, porque pese a que muchos les joda, es nuestra, del club de las trece barras, es parte del conjunto verdiblanco, porque fue nuestro Real Betis Balompié, ese de que algunos reniegan ahora, la única empresa interesada en hacerse con el patrocinio y dirección de uno de los clubes históricos de la ACB, el único representante de Sevilla en la mejor Liga europea, el CB Sevilla, antes de su desaparición. Bueno, el Betis, y aquella vetada por el Ayuntamiento de nuestra ciudad…

Esta sección hay que sentirla, de una vez, como nuestra, con todas las consecuencias, para bien y para mal, y hay que tomar decisiones para que sea el equipo que todos queremos: un equipo dispuesto a pelear cualquier partido, con posibilidades de clasificarse tanto en Copa como para playoff. No se pide más, actitud y vergüenza, amor por unos colores.

Llevo muchos años animando al CB Sevilla, incluso hubo alguna que otra temporada que formé parte de sus voluntarios, y como bético, no puedo negar que me alegré cuando, nuestro equipo, a última hora, decidía hacerse cargo con un club que ya estaba en la deriva. Lo vi con muy buenos ojos.

Saltarán algunos cajistas diciendo “otro de fútbol hablando de baloncesto” que piden una especie de pedigrí para aceptar opiniones, también seré criticado por algunos béticos que son del pensamiento que el club de Heliópolis no se debió meter nunca en tal berenjenal, y que deberían haber dejado morir al conjunto “cajista”. 2 opiniones enfrentadas al día de hoy y que enrarece cada partido en San Pablo.

Ahora te digo, como bético, sé que, en los peores momentos, lo mejor que puede hacer la afición es permanecer unida animando hasta el final. Eso lo que he aprendido de mis mayores y de mis hermanos en aquel bendito Estadio más allá de La Palmera, que en un partido hay tiempo para animar, y también para silbar y pedir responsabilidades.

También se que un jugador necesita el calor de su gente, que ahora mismo, en San Pablo, no lo encuentra. El Pabellón es un territorio plagado de reinos de taifas en forma de distintas peñas haciendo cada una la guerra por su cuenta. Por un lado, encontramos a los nostálgicos que no quieren olvidar a su Caja San Fernando y todo lo que significó este club en su vida; y por otro, a aquellos seguidores que han aceptado la nueva dirección del equipo, que animan al Real Betis Balompié. Y como no, muchos otros llegados al Pabellón, arrastrados por su fe bética, más que por su pasión por este deporte.

Muchos de estos aficionados piden explicaciones justificadas a los dirigentes, pero sin querer ellos cambiar su modus operandis, sus colores rojiverdes, sus cánticos de caja caja, que están enfrentados a los de Betis Betis. Es legítimo, pero por el bien de la entidad, esto debe cambiar también. Ambiente extraño y enrarecido que debería terminar con la única solución de dejar la nostalgia a un lado y abrazar, de una vez por todas, la verdiblanca como bandera.

También hay que exigir, por supuesto, a la planta noble del Villamarín que ponga las medidas adecuadas para que el escudo de las trece barras deje de arrastrarse por las canchas de todo el Estado. Al final, quien viene en las crónicas batiendo récords negativos es el Betis, la imagen que está siendo perjudicada es la del Betis, quien sufre sus consecuencias es el Betis. Por lo que es, el Betis, quien debe meterse a fondo copiando la fórmula que le ha funcionado este año en la sección de fútbol, fichar a personal cualificado para ello, gente de baloncesto que sude básket por los cuatro costados.

Un director técnico de verdad, jugadores que sean del nivel de la ACB, un entrenador con carisma y con estilo de juego definido. Lo siento por Moral, pero son muchas bombas las que le han explotado en muy poco tiempo, y lo mejor que puede hacer es echarse a un lado. Ha demostrado no estar a la altura. Tiempo está tardando en irse.

Así, de una manera decidida y profesional, se debería completar el paso adelante dado hace 2 años, y no como lo hecho hasta ahora, despidiendo a trabajadores eficientes y fichando a mediocridades.

Haro y Catalán, es hora de coger el toro por los cuernos, implantar el escudo del Betis en San Pablo, llenar de verdiblanco sus gradas con políticas que inviten a ello y a su más de 50.000 socios apoyar a esta sección; y arrascarse el bolsillo para que crezca al equipo. ¿O qué creían, que esto no le iba a costar dinero al Betis?

¡Súbanse, qué todos caben!

Fernando Ruiz de Alarcón

Llega octubre, y aunque la estación otoñal en la ciudad del Betis se deja esperar, la Liga sí ha cumplido sus plazos, sus primeros 7 partidos, periodo donde casi ningún aficionado bético esperaba que el equipo se encontrara dónde está, y jugando cómo está jugando.

Era algo demandado por todos: puntos y juego. La identidad, en la que hablaba en un anterior artículo desde este Gol Norte virtual, parece que se está recobrando a una velocidad sin límites. Una identidad que refleja una afición y su peculiar sentimiento de entender el fútbol, por algunos no entendida, y por otros, envidiada.

Y ya sabemos quiénes son los culpables de que lo demandado comience a aflorar, de menor a mayor importancia, desde arriba, desde la bicefalia visible, dueto Haro y Catalán, pasando por Serra y su equipo de trabajo, Setién por ser fiel a su idea pese a ser criticado en pretemporada por prensa y parte de una afición impaciente que no veía su estilo como el indicado, y por supuesto, de los jugadores, porque al final, ellos son los responsables de todo.

El Betis, en estos 7 partidos, se ha convertido en la sensación del campeonato liguero. Ha pasado de ser un equipo fácil de batir a ser temido. Y nada de 1 año de transición como pedían otros, todo ha sido a una velocidad de crucero. Ha terminado con cualquier atisbo de guerra, si hubo, alguna vez, esa mediática guerra social.

El Betis que no jugaba a nada en agosto, el del proyecto inexistente, el de otro año más de mediocridad, el de jugadores ramplones, el que no tenía delanteros, el que sin Rubén no iba a ningún lado, el de Serra que nadie le cogía el teléfono, el de la cantera está muerta, ha llegado, para quedarse.

La paz social se ha conseguido a base de buen juego y de goles, de poner el dinero en el campo y de traer a verdaderos profesionales con experiencia en nuestra Liga. Súbanse a este barco, en el que caben aún más de 48.000 personas, porque para eso tenemos un Estadio con un aforo de 60.000.

La ciudad se le queda chica al Betis; pero súbanse, que todos caben…

Un día de felicidad en el planeta Betis, seguimos cabalgando…

Fernando Ruiz de Alarcón

El beticismo se siente feliz no solo con la épica e histórica victoria lograda en Madrid ante el campeón de Europa y del Mundo, que, al fin y al cabo, significa, nada más, que 3 puntos. Sino también por haber encontrado en Quique Setién y en la plantilla configurada por Serra Ferrer y su equipo de trabajo un reflejo de lo pedido durante años.

La identidad, aquel sentimiento al que nos referíamos en el artículo pasado publicado desde este rincón del venerado Gol Norte, comienza a florecer.

No hay que lanzar campanas, pero todo bético tiene el derecho y casi la obligación de verse representado por este estilo, en el que creen fehacientemente tanto el técnico, Setién como sus pupilos. Y la fe es extensible a Serra, Haro y Catalán. Hay que seguir creyendo…

El profeta santanderino no lo ha tenido fácil, de todos es sabido aquellos ataques biriprensianos a comienzos de temporada en tertulias de cuchillo y tenedor y estómagos agradecidos. Por mucho que hayan repetido durante este verano el mantra de que este equipo no juega a nada, finalmente, Setién y los suyos han conseguido que este mensaje, cargado de mala intención y lanzado con la única idea de derrumbar un nuevo proyecto bético, no cale dentro del beticismo.

Estas coletillas usadas una y otra vez, día a día desde sus columnas de opinión e informativas, mueren al no tener fundamentos, con ejemplos que dicen lo contrario. Véase el último gol bético en el Santiago Bernabéu, donde participa todo el equipo en una jugada de más de 20 toques ¿De verdad este Betis no juega a nada? Pues sí, este es el nuevo Betis de Setién, Serra, Haro y Catalán, de un Estadio tremendo y de 50.000 socios que sí llenan las gradas, pese a quien le pese.

Ahora, eliminado un mantra, hay quien ya rebusca en manida bolsa de la crítica gratuita, el siguiente invento es que la plantilla del Betis es corta.

Otra mentira más desmontada por Setién, dando entrada a canteranos como Fabián y Francis, capacitados para disputar minutos en Primera; también a Boudebouz, que está viviendo una pretemporada forzada; sin olvidar a Sergio León que no jugó en Madrid, o a Campbell, todavía en la recámara. Junto a los Narváez, Nahuel, Tosca, Amat, Rafa Navarro o Dani Giménez, más el esperado regreso en invierno de Rubén Castro, completan un grupo formado por pocos nombres de quilates y glamur, pero de mucho currante, que seguro, tendrán sus minutos. Todo ello, para 2 competiciones, Liga y Copa, se promete suficiente.

Porque la única verdad en todo esto, querido lector, es que el colectivo, la idea de equipo planteada desde el primer día por Setién, comienza a funcionar, y esto hace grande a las individualidades. Jugadores como Mandi, humillado por los mismos críticos, deberían ocupar portada de muchos periódicos, por su grandísimo estado de forma. Que se lo digan a Gare Bale…

Como escribiera Cervantes en el Quijote, o incluso Goethe en el poema “Ladran”, “sus estridentes ladridos, son señal que cabalgamos”. Y así vamos los béticos, con humildad y paciencia, ganando a los grandes y eliminado falsos mantras, cabalgando hacia la victoria.

Betis, en búsqueda de la identidad perdida

Fernando Ruiz de Alarcón


Identidad…Aquello que pedíamos desde hace varias temporadas para nuestro Betis.  Una manera y un estilo de jugar al fútbol por el que fuera reconocido y se reflejara en él no solo a un club, sino también a todo lo que le rodea. Hay equipos que se forjan bajo las premisas del juego duro, del despliegue físico o del “catenaccio” puro. Pero ninguna de estas ideas podría calar en un club que tiene una única idiosincrasia y donde la hinchada es especial. Es fuerza viva, convirtiéndose en el verdadero factor motivador de cada partido, que necesita un equipo ofensivo para sentirse realizada.

Identidad, la que le está dando Quique Setién al club de La Palmera, con un juego que apasiona a sus aficionados. O al menos, es lo que intenta, enamorar a través de un simple balón. Habrá béticos, como no, que lo pasen mal con cada balón jugado al portero, que no comprendan como ganando y en el min. 80, no dibuje una defensa numantina en el campo de batalla; o  simplemente,  que no asimilen que, para anotar, se necesita dominar en posesión. Pero seguro, que, en cada partido, estos serán los menos.

Se abrirán viejos debates, que si el portero, que si la defensa, por supuesto el goleador…Podremos discutir si lo que vale es solo ganar, o, por lo contrario, ganar con un sello. Pero mientras nosotros nos entretenemos y liamos en charlas que nunca serán aprobadas por consenso, un señor desde el banquillo busca la victoria con un plan establecido de juego al que no traiciona, por muchas ostias que le lluevan desde altares de teclados y micros.

Al igual que si el Betis pierde, un bético no deja de ser bético; Setién no abandona su idea de fútbol por un mal resultado. Lo acepta como parte del juego, lo mismo pasa cuando son triunfos, no lanza grandes alabanzas nadando a favor a de marea, solamente realiza una doble lectura con puntos positivos y negativos, que le sirva para seguir creciendo.

Así sí merece la pena este sentido de pertenencia a un club de fútbol, la redención del espíritu tribal, porque ahora, animamos todos juntos y la identificación es casi total, hay comunión de la parroquia con sus jugadores, que son llevados en volandas hacía resultados esperanzadores. Esto es más importante que cualquier título.

Decía Eduardo Galeano en su obra  El fútbol a sol y a sombra, que “el club es la única cédula de identidad en la que el hincha cree. Y en muchos casos, la camiseta, el himno y la bandera encarnan tradiciones entrañables, que se expresan en las canchas de fútbol pero vienen de lo hondo de la historia de una comunidad”. Y si hay algún club en España que sepa de esto, ese es el Betis.

Por cierto, hay un jugador en la actual plantilla que reencarna esta identidad, Joaquín. Chico salido de la cantera, campeón con las categorías inferiores, vivió el infierno de la segunda y estuvo presente en los mejores partidos de la historia de nuestro Club. Precisamente, es el 17 el que más está sobresaliendo y disfrutando con el nuevo planteamiento y táctica ¿Será porque por fin, un estilo de juego, casa con la identidad de nuestro club?

En búsqueda de la identidad perdida

Fernando Ruiz de Alarcón

Identidad…

Aquello que pedíamos desde hace varias temporadas para nuestro Betis.  Una manera y un estilo de jugar al fútbol por el que fuera reconocido y se reflejara en él no solo a un club, sino también a todo lo que le rodea. Hay equipos que se forjan bajo las premisas del juego duro, del despliegue físico o del “catenaccio” puro. Pero ninguna de estas ideas podría calar en un club que tiene una única idiosincrasia y donde la hinchada es especial. Es fuerza viva, convirtiéndose en el verdadero factor motivador de cada partido, que necesita un equipo ofensivo para sentirse realizada.

Identidad, la que le está dando Quique Setién al club de La Palmera, con un juego que apasiona a sus aficionados. O al menos, es lo que intenta, enamorar a través de un simple balón. Habrá béticos, como no, que lo pasen mal con cada balón jugado al portero, que no comprendan como ganando y en el min. 80, no dibuje una defensa numantina en el campo de batalla; o  simplemente,  que no asimilen que, para anotar, se necesita dominar en posesión. Pero seguro, que, en cada partido, estos serán los menos.

Se abrirán viejos debates, que si el portero, que si la defensa, por supuesto el goleador…Podremos discutir si lo que vale es solo ganar, o, por lo contrario, ganar con un sello. Pero mientras nosotros nos entretenemos y liamos en charlas que nunca serán aprobadas por consenso, un señor desde el banquillo busca la victoria con un plan establecido de juego al que no traiciona, por muchas ostias que le lluevan desde altares de teclados y micros.

Al igual que si el Betis pierde, un bético no deja de ser bético; Setién no abandona su idea de fútbol por un mal resultado. Lo acepta como parte del juego, lo mismo pasa cuando son triunfos, no lanza grandes alabanzas nadando a favor a de marea, solamente realiza una doble lectura con puntos positivos y negativos, que le sirva para seguir creciendo.

Así sí merece la pena este sentido de pertenencia a un club de fútbol, la redención del espíritu tribal, porque ahora, animamos todos juntos y la identificación es casi total, hay comunión de la parroquia con sus jugadores, que son llevados en volandas hacía resultados esperanzadores. Esto es más importante que cualquier título.

Decía Eduardo Galeano en su obra  El fútbol a sol y a sombra, que “el club es la única cédula de identidad en la que el hincha cree. Y en muchos casos, la camiseta, el himno y la bandera encarnan tradiciones entrañables, que se expresan en las canchas de fútbol pero vienen de lo hondo de la historia de una comunidad”. Y si hay algún club en España que sepa de esto, ese es el Betis.

Por cierto, hay un jugador en la actual plantilla que reencarna esta identidad, Joaquín. Chico salido de la cantera, campeón con las categorías inferiores, vivió el infierno de la segunda y estuvo presente en los mejores partidos de la historia de nuestro Club. Precisamente, es el 17 el que más está sobresaliendo y disfrutando con el nuevo planteamiento y táctica ¿Será porque por fin, un estilo de juego, casa con la identidad de nuestro club?

Coge el dinero, corre y vete…

Fernando Ruiz de Alarcón

Y llegó el día en que, por fin, aquellos béticos que salieron a la calle una mañana de junio de 2009, hayan comenzado a ver a su equipo en libertad. El día en que el hombre del busto, el ditero hipocondríaco, Manuel Ruiz de Lopera, deje de ser accionista del Real Betis.

25 años de Lopera. Ahora, en pleno mandato de Haro y Catalán, el aficionado medio bético por fin será escuchado. a lo largo de la historia. Y ahora, esta masa inmortal, tiene la oportunidad de controlar el 51% del accionariado del club, acciones que serán puestas a la venta por un precio mínimo de 120 euros por unidad.

Lopera ha preferido poner la mano que seguir alargando un litigio que, por culpa de la justicia, se hacía interminable. Como buen usurero, el dinero le apacigua. Al igual que el hombre de negocios Luis Oliver, quien gana por partida doble: 7 millones para su empresa y su hijo en el Consejo. 8 se supone que se lleva Lopera.

Atrás quedaron aquellas escenas esperpénticas protagonizadas por el de la calle Jabugo. Atrás quedarán años de anquisolamiento perpetuo de una institución, que, potencialmente, debería ser la empresa más importante de Andalucía. Al Betis lo hemos visto en ley concursal, siendo controlado por el poder público, por culpa del mal hacer de sus dirigentes. Supuestamente, Lopera y sus compinches saquearon las arcas del club durante años para el beneficio de sus empresas, y a la vez, personal.

Sí, y Lopera hizo cosas buenas para el Betis, por supuesto, nadie lo puede negar. Al igual que Fidel para Cuba. Pero el tiempo nos ha enseñado una lección en ambos casos: el salvador se vuelve tirano.

Ahora, comienza una era nueva en el planeta Betis, cargada de optimismo, siendo el futuro esperanzador. La afición tendrá un nuevo papel, pasará de ser un mero comparsista a ser el vigilante de las decisiones que se tomen, teniendo, esta vez, voz y poder de mando.

Llega el turno de la pelotita.

Me acojo al beticismo

Fernando Ruíz de Alarcón

El Beticismo representa algo más que a un equipo, más que a una ciudad. Es historia viva, un sentimiento, una lucha diaria, es sufrimiento y alegría a la vez, es pura melancolía, un bolero romántico, el ave fénix, el bohemio del fútbol, la histeria, el infarto, el último minuto…el éxtasis, la paz, el cielo.

El Beticismo es un ejemplo a seguir, como aquella carta que escribió un aficionado y que tuve la oportunidad de leer hace tiempo y que me gustaría compartir de nuevo con vosotros:

“Mi hermano Diego tiene 9 años. Está en la edad de elegir equipo, algo que decidirá sus amistades, muchas alegrías, mucho sufrimiento y de verdad lo creo, su personalidad.

Hace dos semanas me preguntó por qué era del Betis,entonces me quedé con las ganas de explicárselo todo, ahora lo hago con esta carta. Diego, soy del Betis por lo que cabe en él: la risa, la paciencia eterna, los goles en contra al final del partido y la increíble respuesta a tiempo.

En el Betis cabe lo distinto: un alemán negro, un brasileño rubio, un guineano de Valladolid, un portero sin dedos, un suizo beligerante.

Caben bicicletas que no llevan a ningún sitio, pero emocionan y valen más que cualquier fortuna, caben delanteros inofensivos, la maldición del extremo izquierdo, el gorro de Finidi, el fallo de Cardeñosa, el penalti de Joaquín, los goles de falta de un portero, el manquepierda, las rimas de Melado, el Currobetis, los 21 penaltis contra el Bilbao, las lágrimas de Esnaola, el regate de la tostá, un escudo masónico, las marchas verdes.

En el Betis cabe el sentirse raro al ganar, la pasión por sufrir, el absurdo, el no saber explicar por qué y sin embargo nunca dudar de que hay algo especial que lo rodea todo”.

“El Betis nació para evitar una injusticia”

“El Betis nació para evitar una injusticia a un minero: era suficientemente bueno jugando al fútbol pero no suficientemente rico. Desde entonces, al Betis le roban lo que regala, se ríe de los puristas, de los resultadistas de lo que es útil pero feo, es un 2-4 en la inauguración del Pizjuán.

Es sorpresa, no es fútbol es balompié, el Betis es sacar el balón jugado cuando no se puede, la poesía frente al informe, la resaca, no la aspirina, Rogelio comiéndose un huevo duro que le tiraron en un derbi, la broma antes que el esfuerzo, es no saber perder tiempo, es desafiar al destino poniendo trece barras en su escudo o tener una peña en Chechenia.

El Betis es la vena del cuello de Kiko Veneno cuando canta “El mundo es una tontería”, el Rey don San Fernando conquistando Sevilla, Curro Romero abucheado, un cubata de Silvio, los canteranos que quedan por salir, los extranjeros que se quedarán a vivir aquí, una pegatina en una portada de la feria o un tetra brick lleno de cenizas y promesas.

En el Betis cada jugada es el principio de una revolución preciosa que tarda pero llegará, los regates son desafíos al orden, la gente, quijotes orgullosos de haberse equivocado al elegir y de participar en una mentira que vale la pena.”

Este aficionado sí sabía lo que era el beticismo…

#yosivoyalvillamarín

Fernando Ruiz de Alarcón

Respetando toda opinión de bético enojado, porque yo también estoy enojado, he de decir que yo si voy al campo. Y te daré mis argumentos…

Es en un campo de fútbol donde la afición tiene que mostrarse, para animar y para criticar. Es en el campo, en los partidos, cuando se ve la grandeza de una afición que dice estar loca de la cabeza, que anima como balas de cañón, que cuando juega el Betis, siempre seguirá a su lado. En Primera, en Segunda o en Tercera…

Porque es, en nuestro Villamarín, donde la afición se tiene que hacer notar, no en las redes sociales ni en medios de comunicación mandando correos. Porque es la afición en su grandeza la que tiene que ser capaz de que el barco llegue a buen puerto, y porque es la afición, antes, durante y después del partido, la que tiene que hacer ver a jugadores, entrenador y directivos que esto es más que un juego, que los sentimientos de muchos dependen de que el Real Betis gane o pierda.

Es legítimo no ir, quedarse en casa, animar al que tiene al lado que tampoco vaya… Y se entiende, porque este Betis aburre, aburre y pierde; porque si al menos ganara…

Pero le voy a ser sincero, no soy capaz, no sale de mí abandonarlo. Se que el Betis juega y ahí entran los nervios que solo se controlan en el campo, pasando esos 90 minutos al lado de ese señor que no conozco de nada, solo de que su asiento y el mío, un año más, están juntos, aunque nuestro vínculo es el Betis y eso es más fuerte que cualquier nuevo matrimonio.

Y si voy, iré a pitar, a animar, a empujar, para luego expresar mi opinión, y si esta es mayoritaria, deben tomar nota aquellos que solo deben responder a la afición. Es la única presión a la que tenemos derecho, ya que el campo no es solo un teatro, es un termómetro. La presión no la deben ejercer aquellas a tertulias mediáticas con intereses muy alejados a que el Betis sea grande, debe ejercerla la afición en los días de partido.

Y porque a un abuelo, a un padre y a un hijo, no se abandona…