Los porqués me asaltan desde ayer, quizás sea un mecanismo de autodefensa para camuflar la enorme vergüenza que ayer sentí en el campo de quien injustamente merece llevar ese nombre. Aunque ya pienso que es incluso justo que se llame así, porque la tremenda hecatombe a la que está llevando este centenaria institución está reflejada en medio estadio de categoría llamado como él unido a medio campo que todavía tiene regusto a Mundial 82 y a Villamarín, que fue quien nos llena la memoria bética de alegría. Ayer fue como ver aquella película llamada “las Ibéricas F.C.” donde Lola Flores, Paquita Rico junto con algunas folclóricas más formaban un equipo de fútbol femenino y saltaban al terrero de juego a darle patadas a un balón como buenamente sabían, con la diferencia abismal de que los nuestros son futbolistas profesionales, ganan millones de euros, tienen fichas de vértigo y lo más grave, llevan y “defienden” la camiseta de mi Betis. Eso es lo peor, lo que peor llevo. Lo vivido ayer no tiene definición, ni explicación, ni justificación, ni siquiera, perdón. Me asaltan los porqués, el primero: ¿por qué no me fui cuando algo dentro de mí me invitó a hacerlo?, era casi antes del descanso, me acordaba de alguien que me dijo en una ocasión que “los béticos echaríamos a Lopera dejando de ir al campo” y tenía toda la razón. Me sentí ridícula, decepcionada y lo peor, me sentí engañada. Era la primera vez que me sentía así, y la primera vez que quise irme del campo, pero no me fui. Otro porqué, no entiendo que un equipo plagado de jugadores de calidad para estar en segunda se tenga que echar a las espaldas de Rodri, un canterano que me hizo levantarme del asiento y casi con lágrimas en los ojos agradecerle ese arranque con el balón justo a la primera media hora de partido solo como la una. Corrió, e hizo lo indecible por ganar el partido. Lo que luchó este chaval ayer merece que se le ponga su nombre en una placa de oro junto a la puerta del vestuario, para que se enteren lo que es querer ganar como sea, de lo que es luchar y querer a un escudo, que se entere Capi, que ya está cerrando etapa y parece que se le ha olvidado que echó los dientes aquí, que se entere Juande, que lo de ayer es para que no pise más la Avenida de la Palmera, que se entere Sergio García, que ni siquiera el gol que marcó hizo que me volviese la alegría, y que me molestó incluso el hipócrita beso que le dio al escudo de la camiseta. Que se entere Carlos García, que al fútbol se juega corriendo, y no caminando. Del resto, prefiero no decir nada, Odonkor sigue sorprendiendome cada vez más, de la manera contraria, lógicamente. Pavone, luchando como siempre, pero esta vez, buscando la falta desesperadamente, más tiempo en el suelo que de pié, y Goitia, que salvó lo que podría haber sido un desastre.
¿Por qué Tapia no encaja en el equipo?, ¿Por qué salió el Betis ayer de esa manera?, ¿Por qué nos tienen a nosotros?, ¿Por qué no se va Lopera?, ¿por qué me tengo yo que dejar de ilusionar con mi equipo?, ¿por qué me echan de allí poco a poco?