Claro que te reconocí, ¡cómo iba a olvidarme de ti! si marcaste ese gol ante el eterno rival a pase de Calderón dejando a Buyo como un camarón entre las redes de las porterías de un todavía Villamarín que se venía abajo contigo. Ese gol estaba para ti escrito en tus botas, porque el Betis tiene estas cosas, que un Domingo de ramos, Romo, marque el gol de la victoria cuando casi a la misma hora, la cofradía del Cristo con su mismo nombre, Victoria, desde una capilla cercana al estadio asomaba su cruz de guía a Sevilla, es para guardarlo en el libro de oro del betico de verdad. ¡Claro que te reconocí nada más entrar! ¡Tú eres Romo! Tú formaste parte de aquel Betis que hizo de mí la bética que soy, aunque Gordillo ya vistiese de morado, porque en esa época era cuando yo disfutaba de mi Betis, Rincón, Perico Medina, Salva, Parra, Gabino, Casado, Hadzibegic, Quico...Ese Betis sigue siendo de los béticos, esos recuerdos de aquellos años no habrá nadie que nos lo arrebate, por mucha alimaña sin corazón que se crea dueño del "cluz", estos recuerdos no tienen dueño, forman parte de los béticos y ahí no hay nadie capaz de arrebatárnoslos. Por eso, como no me ha dado tiempo a decírtelo pese a haber hablado contigo un buen rato al lado de la puerta del autobús te lo digo desde aquí, gracias, Romo, por vestir la camiseta del Betis, sentir al equipo como lo sentías y sobre todo, marcar ese gol que al menos yo, nunca olvidaré.