Llevo mucho tiempo sin escribir porque reconozco que no he tenido ilusión por contar nada, porque son tantas las decepciones y tan pocas las alegrías que darle rienda suelta a mi sentimiento verdiblanco sobre el teclado me ha costado lo suyo. Pero de igual manera que no he dejado de ir ni un solo partido, tampoco quiero dejar de escribir lo que siento por mi Betis, me resisto a que Lopera me gane este pulso, aunque los esté ganando casi todos. Cada vez son más los asientos verdes que se aprecian los domingos, el bar donde paramos en el pre partido, ya cuenta con numerosas bajas, incluidas las de mi propio hijo que ya no quiere ir al campo, porque no tiene ilusión, o los cánticos que ya sólo se escuchan de los que se creen afición del Betis, porque los aficionados de verdad están tan tristes que ni quieren cantar. Me resisto a aplaudir a Sergio García cuando marca un gol, porque la mitad de las veces anda por el campo, y porque su falsedad besándo el escudo me repele, pero sobre todo porque mi hijo, por ejemplo, o cualquier chaval de su edad, daría su vida por vestir de verde y blanco y marcar goles en el todavía Villamarín, porque para mí será Villamarín hasta que deje de ser el hortera y ´presuntuoso "platillovolantedelapalmera" que identifica totalmente a quien nos dirige y nos destruye. Todos fuera, una pandilla de béticos jóvenes mejor que Arzu, y Nélson, y Pavone, y Juande, y Carlos García, y Emaná y etc, etc, etc, que son gente sin escrúpulos ni corazón que no son capaces de luchar por el escudo que llevan en el pecho ni respetar a la afición que entre otras cosas, les paga.
Ya son muchos partidos dándonos a todos palos constantes y todos siguiendo fiel al manquepierda. No sé cuánto seré capaz de aguantar, pero desde luego, tardaré en hacerlo, mi beticismo es muy grande, muy fuerte, tan grande que no podría Lopera destruirlo, porque mi beticismo es de mi padre y de Rafael Gordillo, de Avelino y de Beeetis, Beeetis, de autobús número 3 desde el polígono San Pablo, de muchos años sufriendo para no bajar a segunda, y de mucho manquepierda, por eso, aunque ahora sea Tapia el que pague la culpa por no haber sabido ejercer con mano dura, yo seguiré yendo a mi asiento porque ser Bética es una de las cosas más grandes que se puede ser en la vida, aunque Don Manuel se empeñe en destruirlo, que jamás lo conseguirá al menos, conmigo.