Sí, a ti me dirijo, Víctor Fernández. Y te llamo pregonero porque bien que lo harías en el Maestranza días antes de que la Borriquita comenzara a bajar la mítica cuesta del Salvador.
Tienes facilidad de palabra, de embelesar a quiénes se quieran dejar. Facilidad para ponerte una chaqueta de Armani y que puedan llegar a mirarte más la solapa y el cuello de la camisa que tus gestos al hablar, a ver si sientes lo que dices o quieres engañar a ver lo que duras en el Betis. Tantos días sin banquillo te han llevado al final de la Palmera y ahora nos quieren vender que a ti nunca te echaron, que fue como cuando a uno lo destinan lejos de "su casa" para volver lo antes posible. Eso es lo que parece. Descojonante.
Tapia pedía a gritos que lo echaran. No por mal entrenador -cómo me retuerce el estómago escuchar a los mequetrefes que nos rigen decir de los entrenadores que se cargan que son buenas personas y muy trabajadores, pero que no han tenido suerte- más bien por tener horchata y no sangre en las venas. Al Betis le han llegado a bailar en algunos campos, también en el propio, y el de Baena decía en sala de prensa que "no hemos estado mal, hicimos un segundo tiempo bueno". No se sabe aún que partidos veía el ex mister verdiblanco, pero nada que ver con los que veíamos en la grada.
Ahora el maño pregonero nos trae una victoria en Córdoba que ha venido como agua de mayo, sí. Pero servidor no es nuevo en esto del fútbol y, si este señor no se ha enfadado ya con Lopera y sus secuaces por, practicamente, engañarle y mentirle (se ha ido Dani y no ha venido nadie, pero la sonrisa invade el rostro del pregonero), no lo hará nunca y, una vez más -y ya he perdido la cuenta- estamos destinados los que sí queremos de verdad al escudo, leyenda y bandera del Real Betis Balompié, a la suerte esa que dice Pepe León cuando manda a freír espárragos a técnicos. Vamos, que no se extrañe nadie si dentro de un tiempo coge el mando del equipo un Nogués de la vida (que Dios nos coja confesados) y, nuevamente, salimos a la palestra diciendo que Víctor estaba enchufadísimo pero la pelotita no ha entrada, que no ha habido suerte. Y, ala, una nueva temporada de fracasos -de pura mierda joé, hablemos claro- con no sé cuántos entrenadores y silbidos elevados al infinito a la gestión, a los jugadores, al banquillo, a los supporters, al palco y a la madre que nos parió a todos. ¡Qué desastre!