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30 años sin El Pali – Antonio Burgos

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ABC de Sevilla, 21 de junio de 2018

Cantaste: “El día que yo me muera,/ que no me llore Sevilla”. Treinta años se cumplen hoy, Pali, treinta ya, del día que te nos fuiste desde su silla de la calle Aduana donde, empernacado en ella, esperabas al Cristo de la Buena Muerte, que te la dio aquel 21 de junio de 1988.

Y treinta años hace que no te llora Sevilla, que no te llora Triana, porque la figura del Trovador de Sevilla se ha agigantado con el tiempo y se ha hecho un mito de la ciudad a la que se hartó de cantar por sevillanas, más de veinte discos, más de trescientos títulos que, lejos de olvidarse, cada día están más cercanos y presentes, entre barbos en adobo, peleas en el Corral del Conde, cuadrillas de costaleros del muelle, soldados del 14, 14 de Artillería, tu Baratillo y tu Rocío, el puestecillo de la Malena en la Alameda, o las cigarreras que, gracias a ti, a tu voz, querido Pali, siguen pasando por la calle San Fernando, claro que pasan por la calle San Fernando, y van camino de una falúa que las está esperando en el río, para llevarlas a Triana por el Puerto Camaronero.

Me acuso, Pali, de que te puse el título de “Trovador de Sevilla”. Te saqué de pila por segunda vez. Te echaron el agua en nuestra la parroquia del Sagrario; por segunda vez, yo te la eché, en forma de tinta de artículo, en los papeles de un ABC donde habías sido ciclista-cuartillero, cuando eras un atleta carrerista y estabas tan delgado que te llamaban “El Palillo”, de ahí lo del Pali como abreviatura de la gracia. Y bien que me pagaste el bautizo, Paco, concediéndome el honor de llamarme “padrino” cada vez que nos encontrábamos en nuestro barrio, en el mejor cahíz, comprándole calentitos a Juana en su puesto junto al Arco donde la rezábamos el “Bendita sea tu Pureza” a La Chiquitita, a nuestra Pura y Limpia del Postigo, en los cien gramos de Catedral mejor despachados que nunca se vendieron en el mostrador de la Tienda de las Columnas. Tú me llamabas “padrino” y yo “ahijado”: vaya bautizo con arte, un bautizo de azotea con la mareíta del río que venía desde Sanlúcar, tu segunda patria. ¿O era Triana tu segunda patria? ¿O era directamente la Capilla del Baratillo más que la Casa de la Moneda de tus antepasados de la colla del muelle y los martillos de las cuadrillas de costaleros?

Pocas ciudades como Sevilla gozan del lujo de tener un artista que dedicara vida entera a cantar sus grandezas y el arte de su gente, ¡que viva la Sevilla del Cuarenta! De las sevillanas, que dicen los que no tienen paladar que es un cante chico, hiciste un cante grande. Como antes lo hiciste de las saetas que cantabas a tu Piedad y tu Caridad con una letra que Florencio Quintero acababa de escribir en una servilleta de papel sobre el mostrador del Bar Carriles o en Casa de Ventura, pura Puerta del Arenal. Tan tuyas y tan nuestras, tan del Postigo y tan de Sevilla entera eran tus sevillanas, que siempre aparece, Paco, un verso tuyo en la memoria cuando evocamos una grandeza del pasado, un cielo ya perdido. Te abriste camino con la ciudad como ariete en tiempos de grandeza para las sevillanas, con Manolo Pareja Obregón componiendo hermosuras, y los Hermanos Reyes haciendo un camino cantado para el Rocío, y los Toronjo cantando la Biblia en pasta de las sevillanas de la calle Real del Alosno, con las esquinas de acero.

Y tus esquinas, Paco, tus esquinas de Triana y de Sevilla, de Casa Vicente y de Casa Ovidio, eran de azúcar cande de nostalgia y memoria, del tranvía de la Puerta Real, de las grandezas de nuestro Betis, de los Infantes viviendo en La Palmera, de los lebrillos de papas aliñás que eran para ti la gloria bendita, Buda con gafas de culo de vaso que Atín Aya retrató para la inmortalidad en tu calle Aduana, donde escuchabas la campanita de los muertos de La Caridad. Tú nos has muerto, Pali: ni hace 30 años ni nunca. Nos queda viva tu voz. Y tu Sevilla, ahí sí que hay vida: “El día que yo me muera/que no me llore Sevilla”. ¿Qué te va a llorar? Ahora canta tus coplas, Trovador. Las seguimos cantando, y vuelve a la vida aquella tu Sevilla querida, bajo tu bandera de España con la que te enterramos hace 30 años.

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