Home»Actualidad»¿Cómo no te voy a querer, si te debo mi vida?

¿Cómo no te voy a querer, si te debo mi vida?

1
Shares
Pinterest Google+

Relatos desde la Ciudad del  Betis

¿Cómo no te voy a querer, si te debo mi vida?

Corría el invierno del año 1971 y hacía un frío de miedo…

Como cada domingo que el Real Betis Balompié jugaba en casa, los hermanos Francisco y Emilio esperaban ansiosos que llegara el autobús de línea que los debía de llevar desde su barriada de los Pajaritos hasta Tierra Santa, para ver al equipo de sus amores.

Ellos, que a sus 14 y 13 años se creían mayores, no entendían el por qué su hermana mayor los tenía que acompañar cada domingo hasta aquella parada, pero menos aún entendían el cambio de ella, ya que en poco tiempo había pasado de odiar el tener que acompañarlos a aquella alejada parada de autobús, a contar los días, las horas, e incluso los minutos, hasta que llegara el próximo domingo en que el Betis jugara en casa de nuevo.

Por extraño que pareciera, por primera vez en toda su vida a su hermana mayor le interesaba el fútbol.

A ella nunca le gustó el fútbol, pero sí su Betis…

…No entendía muy bien que era un fuera de juego o un córner, ni siquiera cuántos jugadores jugaban en cada partido, pero si el dolor o la alegría que en su casa, en su familia, en su gente, causaba cada derrota o cada victoria de su Betis.

Desde niña y ya tenía 18, en su casa y en la de toda su familia se respiraba beticismo a todas horas del día, su padre, sus tíos y abuelos habían sido fanáticos seguidores del Betis, incluso desde antes que estallara la Guerra Civil y tuvieran que abandonar su Extremadura natal y se instalaran en el barrio del Cerro del Águila… 18 años y por primera vez empezaba a interesarse por el fútbol, cosas del destino quizás.

Desde que en la temporada anterior, José y su amigo Julio la vieron cada domingo que el Betis jugaba en casa acompañar a sus hermanos a aquella parada, ya nada volvió a ser igual.

Eran solo unos segundos los que tardaba el autobús en parar y recoger a los pasajeros, pero era tiempo más que suficiente como para que sus corazones se pararan durante horas. Sabían su nombre, donde trabajaba, su edad, el nombre de su mejor amiga, hasta la fecha de su cumpleaños. Los interrogatorios a los que habían sometido a sus hermanos pequeños camino al Estadio habían dado sus frutos.

José y Julio habían sido amigos desde niños, eran vecinos de la Barriada de Juan XXIII y ambos eran hijos de guardias civiles, y encima, se conocían desde la época en que habían vivido junto a sus familias en la Casa Cuartel de Santa Olalla, allá por los años 60. Pero fue su beticismo el que los hizo ser como hermanos.

No había partido de su equipo del alma al que no fueran a verlo o no lo oyeran en la radio juntos. Esa temporada la cosa iba bien. Es cierto que el Betis no estaba cuajando grandes partidos, pero el equipo del barrio de Nervión había encadenado varias derrotas consecutivas y estaba ya en descenso. Además, no se le veía la más mínima reacción y eso, a ellos, los hacía muy felices.

Siempre decían que eran más felices viendo perder a los palanganas que viendo ganar a su Betis. Sin embargo, aquella chiquilla los tenía locos.

Un domingo, y desde aquel día, ya todos, decidieron ir andando hasta aquella parada y coger allí el autobús y así poder conocerla.
En un principio, ella era reacia, e incluso un poco “esaboría” con aquellos dos chavales de 19 años que parecían hermanos, y que, desde hacía unas semanas, habían ido apareciendo por la parada del autobús, a pesar de no ser de su barrio. Saludaban a sus hermanos por su nombre.

Sabía que habían estado preguntado por ella y que cuando paraba el autobús, se pegaban empujones entre ellos para poder situarse delante de la ventana y poder mirarla hasta donde la vista podía. Pero a ella les parecía unos insolentes y unos descarados, y con eso, ella, no podía.

Sin embargo, y sin casi darse cuenta, domingo a domingo, fueron cayéndoles mejor…

…Sus tonterías y gracietas, sus bromas y risas, sus cosas le fueron calandoe hasta que un día se dio cuenta que ya no podía parar de contar los días, las horas y los minutos hasta el próximo partido en casa.

Julio era simpático y divertido, un poco brabucón y estudiaba ciencias, parecía un galán de las películas de amor y a ella le entró por los ojos desde el primer día.

José, sin embargo, era más callado. También alto y moreno. Pero más seco que su amigo. Trabajaba y estudiaba desde muy chico y la timidez le hacía hablar con sus hermanos pequeños más que con ella.

Carmen estaba impaciente con que, alguna vez, alguno de los dos, le pidiera salir a tomar un refresco o dar una vuelta. Pero, a pesar de ser ya varios los domingos en que se habían encontrado, todavía ninguno se había atrevido.

El reto era claro: quien aguantara más tiempo la cerilla encendida contra la palma de la mano ganaba y salía a dar una vuelta con Carmen, era un poco bestia, sí, pero ella y su amistad lo merecía.

Ganó mi padre, José. Sentados en un banco de Juan XXIII y con dos cerillas encendidas, empezó mi historia y la de mis dos hermanos. Aquel domingo y con una señal de quemadura que lo ha acompañado el resto de su vida, José pidió dar una vuelta a Carmen, y aunque en un primer momento ella hubiese preferido que hubiese sido Julio, aceptó encantada y como no podía ser de otra forma, el primer paseo juntos de sus vida, fue ir a ver un partido de su equipo del alma acompañados de dos carabinas llamados Francisco y Emilio.

El día en que por fin, el eterno rival descendió a Segunda, se prometieron…

Unos meses después, se casaron y formaron una familia. En enero de 1974 nací yo y después, mis dos hermanos….
Que el Betis es un sentimiento, un forma de entender la vida y algo inexplicable lo sabemos todos los que compartimos esta bendita locura, pero para mis hermanos y para mí es algo más, ya que nos dio la vida, ¿como no te voy a querer, si por ti existo Real Betis Balompié?

Autor: José María Rodríguez Hernández.

(Foto: Archivo de Manquepierda)

Anterior

Real Betis Sporting Braga (1-1)Empate ante un Braga que terminó con 8 jugadores

Siguiente

Discreto papel en la H-Hotels Cup

Sé el primero en comentar

Deja tu Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *