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Este Betis no juega a nada; y no es culpa de la afición

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Fernando Ruíz de Alarcón
Director de «Al contraataque» en Gestiona Radio

Son diez partidos los disputados en primera división, casi un tercio de liga, tiempo suficiente para que la labor de un entrenador se note y se plasme en el campo de juego. Y a ciencia cierta, todavía no sé a lo que juega este Real Betis de Gustavo Poyet. Los resultados negativos han puesto en el punto de mira del aficionado y de la prensa al entrenador uruguayo, que se toma las críticas como algo personal, y no como lo que son, parte del reflejo de su equipo en el campo.

De los diez rivales que ha tenido el Real Betis hasta ahora, a ninguno ha dominado en su totalidad, y sólo, contra dos equipos, el Málaga y el Granada, se puede decir que el Real Betis fue superior.

La línea de tres medios no funciona, no porque no destruya juego, el problema es que no se crea y no se mantiene el balón. Si éste fuera el objetivo del uruguayo, el de jugar a la contra rápida y ensayada, tampoco se está realizando. Tampoco hacen una presión asfixiante en el campo del rival, más bien espera al contrario en su campo.

Por otro lado, el nivel físico del equipo está dejando mucho que desear; jugadores, como por ejemplo, Jonas Martin, se arrastran literalmente por el campo, véase el final de la primera parte ante el Espanyol.

En definitiva, Poyet, mientras deja en la grada a Dani Ceballos, mientras Musonda no tiene minutos, mientras se carga psicológicamente a Rubén Castro, y mientras sus centrales siguen buscando balones a los que nunca llegan, él culpa al rival, al campo, a la prensa, a los árbitros, incluso al fútbol. Pero sobre todo al aficionado. Su declaración de que se estaba poniendo difícil jugar de local es un insulto en toda regla a la mejor afición del mundo, a esa afición que aguanta carros y carretas y que apoya a su equipo haga viento, llueve o nieve. A la afición del Real Betis.

Mal camino es aquel que no pase por comprender y ser apoyado por la grada. Este Betis no juega a nada; y no es culpa de la afición.

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