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Va llegando la noche del viernes

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Va llegando la noche en que…

despertemos de un letargo que ha tenido la duración de 3 meses. Más de 90 días sin poder visitar nuestro Templo, sin vibrar con nuestra gente y sin disfrutar de un equipo que, poco a poco, va situándose donde merece por historia e afición.

Va llegando la noche del viernes, noche de reencuentros para algunos y de estrenos para otros, pero para todos, será noche de emociones. De llenar Heliópolis de colores verdiblancos y cánticos de ánimo, de comerse las uñas y no mirar cuando ataca el contrario, de dar golpes en las bancadas de al lado cuando el portero rival pierde tiempo, de reírnos con los bailes extrafalarios de Palmerín, de alegrarnos si ganamos y de convertirnos, si perdemos, en gruñones en el resto del fin de semana.

Da igual lo que digan de nosotros, que si palmeros, que si afición poco exigente, que sigan ladrando… Hemos sabido como nadie mantener viva la llama en un equipo que, en los últimos años, ha pasado más que penurias, mal gestionado por señores que miraban enriquecer su bolsillo antes que dar estructura a un club que necesitaba de ellas…

Hemos mantenido el espíritu vivo del Manque Pierda, aquel aprendido de nuestros hermanos, hermanas, madres, padres, abuelos…

El mismo espíritu que nos hizo superar el peor momento de la historia por los campos de Tercera.

Hemos acompañado a nuestro equipo en estadios de mínima capacidad con la mayor humildad posible por las tierras de España,

Hoy el Betis es nuestro, de nuestra propiedad, de la masa social, y debe contar con el sello de la afición. Por ello, debemos ser los primeros en llevar por bandera la humildad, ambición y trabajo que se le demanda a los profesionales. Todos estos aspectos, si son mezclados con equilibrio e igual medida, darán pie a la victoria. Quien no sepa de lo que hablo, que no trate de entenderlo, porque no tiene explicación…

Inexplicable, sí, la locura que uno siente por dentro en esta primera jornada de Liga, al ver como caen papelillos desde todos los anillos y al oír, desde Gol Sur, resonar los tambores de guerra tocados por unos soldados verdiblancos que no dejarán de animar durante 9 meses, aguantando sol, lluvia, frío, sin que nada les pueda. Le va su vida en ello.

Va llegando la noche…

y faltan muchos de los nuestros que nos dejaron en estos días, para protegernos desde el cuarto anillo. Un anillo de aforo ilimitado y que todo bético cambiaría por el cielo de cualquier religión y por cualquier promesa de vida eterna.

Nos acordaremos de ellos, como de costumbre, porque ellos fueron los que nos inculcaron este amor por algo más que un equipo de fútbol, más bien por unos valores y una forma de vida de los que nos sentimos orgullosos.

Pasarán directiva y también jugadores, permaneciendo el Club y la afición como ha ocurrido en estos más de 110 años que completan una historia real, palpable, transparente y no inventada. Así somos.

Este viernes, tras tres meses de letargo, Sevilla volverá a vestirse con sus mejores galas: colores verdiblancos que la representan.

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